De influencers, spammers y empleados anuncio

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Siempre se ha dicho que los mejores comerciales de una empresa son sus emplead@s. Que el mensaje que la compañía quiere transmitir de puertas hacia afuera comienza de puertas hacia adentro, y que si el trabajador está motivado y se siente querido, será el primero en recomendar a sus allegados la compra de los productos que fabrica / comercializa su empresa.

Estando bastante de acuerdo con esa reflexión, los tiempos cambian y las situaciones ya no son las mismas. Llevamos varios años ya en los que las empresas han dejado de comunicar su mensaje de forma unidireccional en favor de una conversación mucho más global, focalizada principalmente en Internet, donde la voz cantante la llevan los propios usuarios. Así pues, los mensajes de las compañías cada vez tienen menos protagonismo frente a las opiniones y valoraciones de los propios clientes de éstas.

Algunas empresas, en mi opinión errando garrafalmente en el enfoque, buscan ahora “ empleados anuncio que inunden Internet de opiniones positivas sobre sus marcas / productos /servicios. En el artículo de El País se cataloga a estos empleados como influencers. Pero, ¿No serán realmente spammers?

Me apena enormemente que, en este nuevo paradigma de comunicación donde las marcas por fin pueden conocer de primera mano lo que sus usuarios quieren de ellas, las enseñas vuelvan a ese escenario de mensaje único y unidireccional.

¿De verdad creémos que los clientes son tontos? ¿Queremos realmente que los empleados sean meros anuncios? ¿Vamos a priorizar la contratación de profesionales en base al número de seguidores que tienen en sus Redes, o en función de su valía?

Me entristece que los Facebook, Twitter y otras plataformas en las que los empleados estamos presentes se conviertan en tablón de anuncios de las empresas en las que trabajamos. Lamentablemente, cada vez es más habitual verlo. No tenéis más que entrar en LinkedIn, o en Twitter, o en…

Seguimos pecando de falta de autenticidad. Seguimos sin ser originales. Seguimos echando mano de estrategias caducas en un tiempo nuevo.

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