Imitar, que no copiar. De marcas y egos

Apenas hay marcas auténticas. Me entristece ver como muy pocas enseñas consiguen llegar al corazón de l@s usuari@s y, sobre todo, que ni siquiera se planteen tener una personalidad propia, original, que las haga atractivas a los ojos de otr@s.

Pecamos de fijarnos en exceso en las marcas contra las que competimos. No nos basta con conocer qué hacen, cómo lo hacen y de qué modo lo comercializan. Nos sentimos superiores a ellos, sí, pero optamos por copiar ese modelo que creémos le funciona a nuestra competencia, sin ni siquiera plantearnos que tal vez ese producto, servicio o acción de marketing, no tenga espacio en nuestra autenticidad.

Cuestión de egos, supongo. O falta de autoestima de quien abandona sus principios para tomar los de otros. El caso es que, sea por el motivo que sea, la gran damnificada termina siendo nuestra marca, carente de valores y autenticidad.

Soy de los que cree que si algo funciona hay que intentar imitarlo, que no copiarlo. Llamarme iluso, pero creo que toda enseña tiene una historia, algunas más desarrollada, otras menos, e incluso para muchas desconocida. Pero insisto, todas tienen ese nexo en común. Todas tienen unos valores, una filosofía, una ética. Lamentablemente, en muchas compañías esa historia, esa autenticidad, esa característica original que le hace única, jamás será trabajada. Quiero pensar que por desconocimiento y no tanto por desidia.

Pero ese ALGO que las hace especiales está ahí, y sólo hay que escucharlo e interiorizarlo para transmitirlo de la forma más auténtica y sincera.

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