Nos hemos cargado las Redes Sociales

hilerria

Nos hemos cargado las Redes Sociales. Así de rotundo. Así de claro.

Han pasado de ser herramientas útiles que nos permitían ampliar conocimiento, recurrir a fuentes de información que no hace tanto eran impensables o incluso compartir problemas y recibir soluciones, a ser medios masificados donde se premia el egocentrismo, el trolleo y el ciberlinchamiento más despiadado.

Lamentablemente, ya hemos visto esto antes. En el momento en el que instrumentos como estos se hallan al alcance de todos los públicos y su uso no es restringido mediante test psicotécnico de algún tipo, todo se va al garete.

Sucedió con Facebook, donde a muchos les dio por agregar amigos como si no hubiera un mañana. Cuantos más mejor, sin importar sexo, religión, ideología o, peor aún, su amor a los colores de otro club de fútbol. No importaba que después, fuera de esa frontera virtual, hubiera que esconderse detrás de una farola para evitar saludar a ese amigo virtual.

Ocurrió con Twitter, donde muchos dejaron en evidencia que el contenido no es el Rey, que precisamente es lo menos importante. La clave está en tener cuantos más followers y tuits mejor, porque eso es sinónimo de actividad. Leer, ver o escuchar ese contenido que se va a compartir con terceros es lo menos importante de la red del pajarito. ¡A dónde vamos a ir a parar! ¿Qué importa que tengamos más cerca que nunca la posibilidad de compartir conocimiento, cuando podemos hablar de nosotros, de lo guapos, inteligentes y gurús que somos, o de lo cruel que es que suspendan Hombres, Mujeres y Viceversa por alguna noticia de alcance?

Pasó con LinkedIn, donde abundan profesionales con sobrada capacitación y una extraña enfermedad denominada Titulitis. Conferenciantes, escritores, ponentes de éxito, asesores de empresas, directores, directores generales, directores adjuntos, CEOs, CTOs, COOs y mucho bla, bla, bla, que en muchas ocasiones se vanaglorian de tener miles de contactos en su red, pero que no son más que meros creadores de Spam. ¿No crees que al menos deberías exigir a ese gurú que pretende conectar contigo que le eche un vistazo a tu CV?

La regla continuó con Instagram, donde se premia el postureo a ritmo de megustas. Muchos parecen llevar un fotógrafo dentro, un auténtico creativo del #nofilter, de lo natural con los mínimos retoques posibles. Qué más da que la foto no esté enfocada, si después creo solucionarlo con diez filtros y cincuenta Hashtags, que eso es, al fin y al cabo, lo que convertirá la imagen en viral.

Y me da la impresión de que continuará con el resto de plataformas que salen día sí y día también, llámense estas Piquescope Periscope -donde, por cierto, ya se permite disfrutar en directo de colonoscopias-, Snapchat, Vine, Medium, Pinterest o…

En definitiva, que estoy saturado de redes. Me agota escuchar día sí y día también a todos esos gurús que se empeñan en que tenemos que estar presentes en cuantas más mejor, sin importar el objetivo. Estoy harto de ver perfiles idénticos, vacíos, faltos de originalidad y sin carácter. Lo mismo me da que sean de personas, de marcas, de empresas. Las redes se han socializado, sí, se han masificado, pero en lugar de enriquecerse con perfiles diferentes, la gran mayoría ha optado por seguir un mismo patrón.

*Si te ha gustado el post, por favor, compártelo con tus cientos de amigos en Facebook, tus miles de followers en Twitter y todos los gurús que tienes en LinkedIn. Te estaré eternamente agredecido/a.

 

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